El empleado era un tipo genial. Amable, decente y responsable. Nos prestó una motocicleta estupenda, totalmente preparada para viajes largos, y además nos permitió dejar nuestro equipaje en su casa. Lo que más me gustó fue el precio de la moto. No he visto nada más barato en Ciudad del Cabo; 2000 por una BMW es un regalo. Lo pasamos de maravilla y recorrimos medio país en moto. Estoy muy agradecido por estas experiencias tan positivas. Me alegra mucho haber encontrado en Sudáfrica no solo muchas experiencias memorables, sino también un amigo, un compañero de motos. En casa, recordaré este tiempo y esta experiencia con mucho cariño.